A veces quisiera gritar muy fuerte y que todo el mundo me escuchara; compartir parte de mi dolor no para que me comprenda, sino para que ellos puedan sentir como se siente cuando te estás derrumbando por dentro.
Pero el silencio es todo lo que sale de mis labios, pues me es imposible volver a confiar. Y no quiero hacerlo, porque mi corazón no soportaría otra decepción y mis ojos están cansados de llorar.
¿Cómo reaccionar cuando la vida misma te golpea con toda su fuerza? ¿Cómo aprender la lección cuando sientes que estás a punto de dejarlo todo atrás? Tus sueños, tus seres queridos, las motivaciones que te despertaban día con día para salir de la cama y enfrentarte a la realidad.
Hay muchas preguntas en mi cabeza, aunque ni siquiera tengo la seguridad de llegar a conocer la respuesta para cada una de ellas. Siento que podría salir corriendo en cualquier momento sin detenerme a mirar atrás, y de verdad es lo que más me gustaría; más hay tantas cosas que me retienen. Mis miedos y complejos a veces me dejan sin fuerzas para seguir luchando, porque tengo el presentimiento de que por más que lo intente, todo el tiempo habrá algo que amenazara con hacerme caer.Pero luego viene esa sensación de ser cobarde. De no poder enfrentarse al rechazo y la soledad. Sentimientos que parecen un espejismo si miras en retrospectiva, pero que que se sienten en carne propia como si fueran parte de tu propio dolor. Y encontrar la valentía para sentirlos y finalmente dejarlos atrás, no es una tarea fácil para nadie.
Tener que ocultar tus sentimientos y esforzarte por endurecer tu corazón, puede hacerte alguien más infeliz en el proceso. Pero al mismo tiempo, es imposible no preguntarse si de verdad se puede alcanzar la felicidad. ¿Es esto posible?
Se supone que después de las lágrimas, es cuando sale el sol.
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